Conexión a través de la Oración: La Oración nos conecta con Dios

La oración es conectarnos con Dios. Es nuestra conexión con Él – el vínculo, la línea abierta.

La oración es también un conector poderoso. Nos ayuda a conectarnos de tres maneras: con Dios, unos con otros, y con el propósito de Dios para nuestras vidas.

La oración es conectarnos con Dios. La oración es nuestra conexión con Dios, es el enlace, la línea abierta. El problema que muchos de nosotros enfrentamos es que generalmente tenemos tantas cosas en nuestra mente, que cuando vamos a la oración nos apresuramos a hacer peticiones agitando la lista de compra de cosas que necesitamos que Dios que haga por nosotros y por los demás.

Conforme la gente entra a la sala de oración de las Asambleas de Dios Central en Springfield, Missouri, ven el «muro de Dios» en el lado opuesto. Allí hay una cruz que tiene impreso en ella el Salmo 145:18: «El Señor está cerca de quienes lo invocan, de todos los que le invocan de verdad.»

Aquellos que deciden tomar una «jornada de oración» son motivados a comenzar enfocados en Dios, que es donde siempre debemos comenzar nuestras oraciones. El muro de Dios es un llamado a detenernos y tomar tiempo para reflexionar sobre su presencia, su cercanía, su bondad, su misericordia, su amor, su gracia, su favor, todos los maravillosos atributos que hacen de Él Dios. Es tomar tiempo para «estar quietos y conocer que Él es Dios» (Salmos 46:10) y apreciar a quien nos dirigimos. Sin duda, en nuestra prisa de presentar nuestras peticiones, Dios apenas escucha palabras como: ¡Te amo, te adoro, te adoro, exalto Tu nombre, sólo tú eres digno de alabanza y adoración! ¡Él anhela escuchar eso! Conforme bendecimos sinceramente su nombre y le damos el honor debido, Él se complace en escuchar nuestra petición y nos concede su favor.

Las Escrituras presentan una frase interesante e importante con relación a nuestro acercamiento a Dios en oración. Uno de los lugares donde encontramos esta frase está en 2 Crónicas 7:14, «Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y sanaré su tierra» (el énfasis añadido es nuestro). El Salmo 105:4 también expresa esta instrucción: «Busca al Señor y su fuerza; buscad su rostro siempre» (énfasis añadido). ¿Qué significa «buscar el rostro de Dios»?

En las Escrituras, mencionar el rostro de Dios es una referencia a su presencia manifiesta. Génesis 32:30 nos dice que Jacob vio el rostro de Dios y llamó al lugar Peniel, que significa «el rostro de Dios.» Curiosamente, el término hebreo para el «pan de la Presencia» (Éxodo 25:30) que se mantuvo en el tabernáculo del Antiguo Testamento también podría traducirse como «el pan del rostro.» Era simbólico de la presencia de Dios.

«Buscar el rostro de Dios» significa que deseamos tener audiencia con Dios, entrar en Su presencia. Es más que algo casual o familiar. Cuando en Hebreos 4:16 somos invitados a acercarnos con valentía o confianza en la presencia de Dios, debemos entender el Dios al que nos acercamos y atribuirle el honor, la gloria y la alabanza por su santo nombre. Cuan informal e incluso exigentes podemos ser a veces. Es importante cuidar de no hacer que Dios se aleje de nosotros por estos pecados, sino que a través de la alabanza y la adoración sincera hagamos que Él vuelva su rostro hacia nosotros. Porque conforme su rostro se vuelve hacia nosotros, tenemos su atención y Él está atento al clamor de nuestro corazón.

Cuando nuestro hijo Juan era un niño pequeño su madre tenía que darle instrucción, según las madres hacen frecuentemente. Sin embargo, algunas veces, ella decía que el mensaje no llegaba. Su mente activa estaba en alguna otra parte. Así que a veces, después de repetir las instrucciones de una y otra vez en vano, ella tomaba su pequeño rostro entre las manos y giraba la cara hacia la suya, fijaba sus ojos en los de él y repetía la instrucción. Entonces, ella entendía que había escuchado.

Está de más sugerir que nosotros los simples mortales podemos tomar el rostro de Dios en nuestras manos y exigir su completa atención, pero quizás hay al menos algo parecido. Cuando nos acercamos a Dios intencionalmente y hay sinceridad en nuestra alabanza y adoración a Él, conforme nos movemos de allí a expresar nuestras peticiones, a veces con gran intensidad, llega un sentido más profundo a nuestros corazones de que realmente hemos entrado en la presencia de Dios y que Él nos oye. A medida que continuamos en la oración y permanecemos en Su presencia, sentimos que nos acercamos a Él, que su rostro se ha vuelto hacia nosotros, y que nuestros ojos están espiritualmente fijados en Él. En el fondo sabemos que Él entiende nuestras necesidades y responderá de acuerdo con sus propósitos soberanos. Tenemos esa seguridad porque sentimos una liberación, la carga que llevamos nos abandona conforme su rostro se vuelve hacia nosotros en respuesta a nuestro clamor. ¡Nos hemos conectado con Dios!

(Assemblies of God Prayer Center)

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