Cristiano desde Chiquitico

Por David Terrero Hijo

Nacer y ser criado en una familia cristiana tiene muchas ventajas: desde pequeño se está expuesto al evangelio a través de enseñanzas bíblicas y actividades en la iglesia. Por el hecho de estar siempre involucrado en dichas
actividades, el circulo de amistades casi siempre esta compuesto de personas creyentes: algo muy ventajoso.

A medida que se va creciendo y convirtiéndose en joven, uno recibe influencias cristianas desde el seno familiar y desde su ámbito social. El período más receptivo en la vida de una persona está en sus primeros 20-25 años: es el momento donde su carácter se forja y donde aprende la mayor parte de sus principios; si aplicamos esto a un joven que ha crecido en el evangelio, tenemos una muy buena formula para desarrollar a una persona piadosa.

Pero no todo es «color de rosa». Estar expuesto al evangelio desde pequeño puede traer como consecuencia «acostumbrarse» a Dios y sus caminos, hacer nacer la indiferencia en el corazón del muchacho, y sacar a flote esa
idea de «no hay nada nuevo, ya lo se todo en cuanto a cristiandad se refiere». Estos peligros pueden frenar el desarrollo de una relación genuina con nuestro Señor y crear un falso sentimiento de autosuficiencia.

La verdad, para mi el haber nacido en un hogar cristiano ha sido una bendición de proporciones incalculables.

Mi corazón rebosa de alegría cuando pienso que Dios ha sido parte de cada una de mis etapas: niñez, adolescencia y juventud.

0 comentarios

Añadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.